A los productores se les paga bien
Cada bodega de una ruta cobra por la visita, por lo que sirve y por su tiempo, antes de que llegues y a la tarifa que ella fija. Una cata es trabajo, no marketing.

Nosotros
La versión corta

En 2016 una sommelier de Buenos Aires le escribió a una amiga de Tarija para preguntarle si valía la pena volar cuatro días. El itinerario que le llegó de vuelta tenía seis páginas e incluía dos bodegas que no aparecen en ningún mapa.
Se lo mandó a un colega. El colega lo mandó a un club de vinos. Para fines de 2018 la amiga de Tarija había escrito ese itinerario cuarenta veces y empezaba a rechazar gente.
Wine Explorers Bolivia existe por lo que pasaba después: la gente que venía por el vino se iba hablando del valle. Del camino a Cinti, de la señora que vende duraznos, de las vides de ochenta años que nadie les había contado que existían. El vino era el motivo. El país era el viaje.
Hoy somos once personas: guías, sommeliers, conductores y una jefa de logística muy paciente. Y seguimos escribiendo cada itinerario a mano.
Diez años, más o menos
Las personas




Cómo trabajamos
Cada bodega de una ruta cobra por la visita, por lo que sirve y por su tiempo, antes de que llegues y a la tarifa que ella fija. Una cata es trabajo, no marketing.
Ocho viajeros es la mesa más grande que un productor pequeño puede recibir sin que se convierta en un espectáculo. Hemos rechazado grupos de veinte.
Conductores, cocineras, guías y hospedajes son locales, y los contratamos directo. Nada de este negocio necesita una oficina central en otro país.
Los mejores viajes que hacemos son para gente con opiniones fuertes sobre el vino. Trae la tuya: encontraremos algo que la discuta.
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